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Denuncia conjunta de afectados por el cierre de Megaupload.

El FBI ha causado daños incalculables, muy superiores al beneficio que perseguían con la acción emprendida, en un intento fallido de impedir el acceso a los materiales audiovisuales hospedados en Megaupload que pudieran estar vulnerando copyrights. Sin embargo, estos contenidos siguen estando disponibles en otros tantos servicios en Internet, evidenciando la ineficacia de la medida.

Por contra, con el cierre del servicio han impedido el acceso a millones de archivos de particulares y organizaciones, ocasionando graves daños personales, económicos y de imagen a millones de personas; y han vulnerado los artículos 197 y 198 del Código Penal al apropiarse indebidamente de datos de carácter personal.

Los daños ocasionados por el cierre de Megaupload están totalmente injustificados y son inadmisibles. Por este motivo, Pirates de Catalunya con la colaboración de Pirate Parties International y los partidos pirata adheridos a esta campaña, facilitará la presentación de denuncias contra las autoridades de EEUU en diversos países, e incrementará así las posibilidades de conseguir una condena.

Para la realización de esta demanda conjunta se ha creado una plataforma de afectados por el cierre de Megaupload, a la que puede adherirse cualquier persona u organización que se haya visto perjudicada por el cierre del servicio, independientemente del tipo de cuenta que tuviesen en Megaupload.

Esta iniciativa pretende ser un punto de partida para que los legítimos usuarios de Internet podamos defendernos frente a los abusos judiciales impulsados por los lobbies culturales.

Independientemente de la ideología de cada uno y de la opinión que podamos tener en referencia a Megaupload, acciones como las llevadas a cabo con el cierre del servicio suponen un enorme perjuicio para los usuarios y una vulneración inaceptable de sus derechos.

Por todo lo anterior, realizamos un llamamiento a toda la población a fin de que se unan a la iniciativa y la difundan, entendiendo que acciones como la presenciada no pueden ni deben quedar impunes.

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El Diario Noticias: Un ‘indignado’ en grave estado tras el violento desalojo en Barcelona.

 

Un ‘indignado’ en grave estado tras el violento desalojo en Barcelona

28 de May de 2011 | Tiene un pulmón y el bazo perforado. España reaccionó y volvió a las calles tras difundirse las imágenes y vídeos de la golpiza y los disparos de los Mossos d Esquadra


La carga policial que dejó este viernes en la Plaza Catalunya -la más céntrica de Barcelona- 121 heridos y dos detenidos, ha tenido una gran repercusión tanto dentro como fuera de España. Fotografías y grabaciones demuestran que la intervención de los Mossos d’Esquadra (la policía catalana) consistió en algo más que un torpe desalojo.

Tampoco han sido tomadas en serio las palabras del Gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero, que ha asegurado a través de su Ministerio de Interior que no hubo heridos graves. La comisión jurídica de la acampada de Barcelona ha certificado que uno de los jóvenes había sufrido la perforación de un pulmón y el bazo, algo confirmado después por el hospital Clinic de Barcelona, en donde se diagnosticó que uno de los manifestantes tenía roto el bazo.

Este viernes también se dio a conocer el caso de otro joven que fue agredido con una pelota de goma dura disparada por un oficial. Uno de sus compañeros aseguró que se encontraba “muy grave” tras el impacto de una bola que le arrojó un policía.

“Estamos todos con él y con todos los compañeros y compañeras que han arriesgado su vida por los demás, incluido por esos policías que les han bajado el sueldo y son capaces de atentar contra la población” añadió el joven, de acuerdo con el diario español Público. Se calcula también que entre los 121 heridos, se encuentran dos cuyo estado reviste gravedad por las facturas que les habían ocasionado.

Los acampados se despertaron este viernes a las 07:00 hora local con un helicóptero de los Mossos d’Esquadra que sobrevolaba la Plaza Catalunya y con más de 400 antidisturbios que irrumpieron de repente en el espacio público y exigieron el desalojo.

Entraron los camiones de limpieza que, según se anunció después, debían sólo retirar objetos que pudieran comportar algún peligro en el caso de que se produjeran altercados tras el partido de fútbol que enfrenta este domingo al Barcelona y al Manchester en el final de la Liga de Campeones. Pero las brigadas municipales desmontaron las tiendas de campaña, las pancartas y los carteles y se llevaron los alimentos, las computadoras, los sacos de dormir instalados en el lugar y las computadoras que los jóvenes habían llevado a la plaza.

Con consignas como “esto no es democracia, esto es un atraco” algunos acampados bloquearon en el perímetro la plaza la salida de los camiones que se retiraban, y entonces los Mossos cargaron contra ellos. El sindicato Comisiones Obreras también ha denunciado las lesiones que han sufrido algunos periodistas, “especialmente cámaras de medios audiovisuales y fotógrafos” durante los desalojos de Barcelona y Lleida, una ciudad catalana en donde este viernes también intervinieron los Mossos d’Esquadra para expulsar por la fuerza a los acampados de una de las plazas.

El consejero del Interior Felip Puig, responsable de la represión policial, aseguró que entre los heridos había “37 Mossos con contusiones”, información que no ha sido verificada por ningún organismo. De hecho, en los vídeos que han circulado por Internet. no se ve a ningún manifestante agrediendo a los uniformados.

En las masivas concentraciones posteriores que se convocaron en toda España para repudiar la represión, muchos manifestantes llevaron flores para mostrar su pacifismo y otros tantos se pintaron las manos de blanco. Por Internet también hay varias iniciativas, como la que pide la renuncia de Puig, que este viernes intentó durante más de seis horas justificar lo que simplemente podía verse en las imágenes que se difundieron.

Opinión: PABLO IGLESIAS TURRIÓN

A palos con los jóvenes: ¿Quiénes son los cerdos?

16/05/2011 20:46 Actualizado: 16/05/2011 20:56

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Veo en Facebook cómo algunos estudiantes de mi facultad se felicitan por el éxito de la manifestación de hoy y también cómo hacen recuento de moratones y contusiones por los golpes que ha repartido la policía. El vídeo reproducido por Público no deja lugar a dudas sobre la proveniencia de la violencia; varios robocops patean en el suelo a un joven indefenso.

La imagen no es nueva; casi no se distingue de las que vimos en las manifestaciones por una vivienda digna en 2007, en las protestas contra la Guerra en 2003 o en tantas otras movilizaciones. Y tampoco será nuevo el resultado: impunidad para los agentes (varios con pasamontañas y todos sin el número profesional visible en el uniforme), detenciones, acusaciones de desordenes públicos, de resistencia a la autoridad (y quién sabe de qué más) y, probablemente, varias condenas con las declaraciones de los funcionarios de policía como única prueba.

Ayer volví a ver, después de muchos años, La noche de los lápices de Héctor Olivera, una película basada en hechos reales que da cuenta de cómo fueron detenidos, torturados y asesinados, durante la dictadura militar argentina, un grupo de estudiantes de secundaria por su militancia en el movimiento estudiantil. Alguien dirá que no se puede comparar las dictaduras con las democracias. Por el contrario, lo que tiene sentido comparar es precisamente las cosas que son distintas; sería absurda una comparación, pongamos por caso, de un bolígrafo bic azul con un bolígrafo bic azul.

Dictaduras y democracias comparten un cierto consenso social de veneración fetichista hacia la autoridad

El primer elemento que comparten dictaduras y democracias, como cualquier régimen político moderno, es que las tareas de policía están encomendadas a un cuerpo profesional de funcionarios. Quien tramita una denuncia es un funcionario, quien investiga un robo es un funcionario, quien da una patada en la cabeza a un joven en el suelo antes de detenerle es un funcionario, quien aplica la tortura como parte de un dispositivo procesal —ya lo dijo Eduardo Galeano— es sólo un funcionario. ¿Cuál es la diferencia entre unos y otros? Hay quien hablaría de convicciones y de conciencia y seguramente nos diría que los policías de las dictaduras son distintos a los de las democracias. Concederemos que quizá sí, hasta cierto punto, aunque la experiencia histórica española dice lo contrario y los estudios de Bauman (Modernidad y Holocausto) y de Arendt (Eichmann in Jerusalem) demuestran que la diferencia entre un funcionario de la democracia y uno de la dictadura está en la autoridad que le da las órdenes. Como sabemos, la “obediencia debida” ha sido la coartada universal de todos los funcionarios que por las paradojas del destino se han visto en el banquillo de los acusados (desde Núremberg a La Haya pasando por Buenos Aires).

La segunda característica que comparten dictaduras y democracias es un cierto consenso social de veneración fetichista hacia la autoridad. La retórica de la “lucha contra la subversión y el comunismo” sirvió para que una parte de los argentinos mirara hacia otro lado mientras su gobierno arrojaba al mar a 30.000 compatriotas. Pues bien, aquellos que criminalizan las protestas de los jóvenes y se escandalizan al ver un contendor cruzado en una calle o una pintada en un banco mientras el paro juvenil alcanza niveles históricos, al tiempo que callan ante los abusos policiales (cuando no los justifican abiertamente), representan el mismo tipo de materia social sobre la que se construyen las dictaduras y sus crímenes.

Cuando la policía del gobierno del talante responde con violencia a los jóvenes que en este país se han tomado en serio eso de la Democracia, los demócratas debemos, al menos, indignarnos. Se atribuye a Ulrike Meinhof haber dicho que los policías no eran seres humanos sino cerdos. Si efectivamente la malograda fundadora de la RAF dijo eso se equivocaba. Es difícil encontrar una institución más universal que la policía a la hora de representar todas las expresiones de la modernidad racional del género humano (virtudes y monstruosidades incluidas).

Sin embargo, tanto a los que toman las decisiones de reprimir como a los que miran hacia otro lado o las celebran, bien debemos llamárselo: ¡cerdos!

Pablo Iglesias Turrión es profesor de Ciencia Política en la Complutense.