NEKROFAGIA

Publicado: 23 abril, 2011 en Uncategorized

Necrofagia

12MAR

Queridos lectores,

En el día de hoy un terremoto de magnitud 8,9 en la escala de Richterha sacudido Japón. Se trata de un potente seísmo que ha sucedido de la peor manera posible: el epicentro se situó a gran profundidad bajo el mar, con lo que a la destrucción directa del temblor de tierra se añadió un maremoto que azotó la costa pocos minutos después: olas de 10 metros capaces de penetrar en algunas zonas algunos kilómetros tierra adentro (y una cosa que la gente en estas latitudes suele ignorar: debido al efecto de somerización las olas letales pueden durar varias horas). La catástrofe se ha cobrado ya no menos de 1.000 vidas humanas. Para terminarlo de rematar, el reactor número 1 de la central nuclear de Fukushima ha quedado muy dañado por el terremoto y parece que como mínimo se producirá una nube radiactiva (los niveles de radiactividad en la planta son, a la hora de escribir esto, 1.000 veces los normales), mientras que subsiste el riesgo de una fusión del núcleo, inclusive de una explosión nuclear (pero, no lo olvidemos, la energía nuclear es el futuro). En esta sección de la Wikipedia pueden seguir el estado actual de la crisis nuclear japonesa.

Delante de esta inmensa catástrofe en un país bien preparado para este tipo de eventos, ¿cuál ha sido la reacción de los mercados? Pues que el precio del barril de petróleo ha bajado un par de dólares…

Resulta grotesco y asqueroso hablar de los precios en los mercados mientras centenares de personas pierden la vida y otros quizá miles pueden perderla en breve. Pero de qué extrañarse. Los últimos meses han visto como la gente en medio centenar de países por todo el globo han ido sufriendo en sus carnes el hambre por la incapacidad de pagar el precio de los alimentos. Desde América Central y del Sur, pasando por toda África hasta llegar a Indonesia, sin descuidar India y China, se producen día sí y día también revueltas del hambre. Pero a nosotros sólo nos interesan las que suceden en los países del Norte de África y del Oriente Medio, hasta el punto de que algún lector despistado cree que sólo hay inestabilidad y revueltas en esos países. No es verdad, pero nuestros mayores intereses geoestratégicos están en esos países, porque de ellos depende nuestro suministro de petróleo y de gas.

Ya hemos comentado que nuestro declive energético causado por la disminución de la producción de materias primas energéticas, el descenso del lado derecho de la curva de Hubbert, no será tan suavecomo predice la teoría, y se caracterizará por transiciones no lineales y cambios de fase, cambios radicales del comportamiento del tejido económico social a escala global. Esas transiciones, esas rupturas, hacen que en un determinado momento, a pesar de que el precio no lo refleje plenamente, no haya petróleo para algunos compradores aunque lo puedan pagar: es el caso actualmente de España, que importaba el 13,4% de su petróleo de Libia y busca desesperadamente dónde comprarlo ahora que el país se ha sumido en la guerra civil, pero los contratos a meses vista, los compromisos de los otros proveedores y la falta de fungibilidad (por mala calidad) del poco petróleo sobrante no le permiten encontrarlo, no importa el precio. En suma, el mercado mundial, primero de petróleo, luego de todas las otras materias primas, incluyendo los alimentos, se irá volviendo cada vez más compartimentado e ineficiente. Y en una situación así, la desgracia de unos se convierte en una ventaja para los otros.

Si Japón resulta herido de gravedad con los eventos de hoy, dada su ya delicada situación económica (deuda pública equivalente al 200% de su PIB, aunque afortunadamente mayoritariamente en manos de nacionales; más de 15 años de estanflación -en realidad, leve deflación continuada con escaso crecimiento-,…), el país avanzará en el proceso de colapso en el que todos estamos inmersos… y liberará recursos para los demás. Es por eso que el petróleo baja; los inversores huelen la sangre y anticipan una caída de la demanda, al sentir el grito de dolor del cuarto consumidor mundial de petróleo.

Ése es nuestro cruel sino: en la caída por el lado derecho de la curva de Hubbert, nuestro única opción para mantener el Bussiness as Usual, es decir, algo parecido a la normalidad, es desear el fracaso y caída de nuestros competidores, que cada vez parecen más nuestros adversarios, si no directamente enemigos. Nos mantenemos al margen de lo que pasa en Libia porque no queremos arriesgarnos a aliarnos con el bando perdedor y perder así acceso a su vital petróleo; nos conviene que Japón sufra y agrave su recesión… El mantenimiento del “orden actual” nos lleva a ser necrófagos, a alimentarnos de los despojos de los que no hace tanto eran nuestros semejantes. ¿Hasta dónde llegaremos con esta absurda dinámica? ¿Nos comeremos nuestros propios miembros – e.g., ayuntamientos que vayan a la bancarrota, comunidades autónomas que no soporten su nivel de deuda? ¿Cuándo aceptaremos que estamos viviendo el Oil Crash, queesta crisis no acabará nunca?

Queridos lectores: debemos reaccionar. Comiencen por laconcienciación, salgan a la calle. Antes de que todo esté lleno
de muertos vivientes

Salu2,
AMT

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